Duelo de dulces de leche reposteros: San Ignacio versus Vacalin



Cuenta la historia oral de la gastronomía argentina que el dulce de leche fue "inventado" el 24 de junio de 1829. Las comillas van porque se trataría más de un error involuntario que del intento por crear este producto que se asocia con nuestra identidad y cultura alimentaria. Parece que ese día Juan Lavalle llegó sin aviso -¡y a la hora de la siesta!- a la estancia El Pino, propiedad que su adversario, el caudillo bonaerense Juan Manuel de Rosas, tenía en Cañuelas, generando tal imprevista situación que la cocinera empastó la lechada (una cocción de leche de vaca con azúcar que se agregaba al mate). Así habría nacido el dulce de leche... creer o reventar.

dulce de leche repostero vacalin san ignacio

Como sea, hoy el dulce de leche ocupa junto con el mate y los bizcochitos de grasa una suerte de Santísima Trinidad del desayuno y la merienda argentinos. Innumerables son las marcas y las presentaciones que asume este producto, pero aquí vamos a profundizar en su versión repostera, esa que es formulada para la elaboración de tortas, postres y otros productos de repostería y pastelería. Hay muchos y muy buenos exponentes, pero haremos foco en dos de ellos, que por su alta calidad y reconocimiento popular merecen una comparación objetiva que señale sus aspectos diferenciales.

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San Ignacio, el primero, es elaborado por esta empresa que nace en 1939 en Rosario, Santa Fe, cuando Ignacio Rodríguez Soto decide lanzarse a la aventura de la producción láctea; 81 años más tarde sus productos están presentes en más de 20 países de América, Europa, Asia y Oceanía. Vacalín, por su parte, surge 13 años antes, cuando en 1926 Joaquín Rodríguez, un joven inmigrante español llegado al país a principios del siglo XX, comienza a hacer un reparto de dulce de leche, producto que luego comenzará a elaborar; hoy la compañía es conducida por la tercera generación de productores de dulce de leche (y otros lácteos).

Pasamos entonces al versus de sus dulces de leche reposteros...
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PACKAGING: La comparación de ambos productos se realizó a partir del pote de 400 gramos, la clásica medida que uno encuentra tanto en el almacén como en el supermercado: pote y tapa plásticos, con sello metalizado hermético debajo de la tapa. En tonos marrones, bien de dulce de leche, que contrastan con la tapa azul (mismo color del logo de la marca), y con una guarda de motivos "folclóricos", el diseño de San Ignacio refuerza la leyenda que se lee en el pote: "Desde 1939". En otras palabras, pura tradición. Vacalin, por su parte, se hace el moderno: resume a través de manchas negras sobre el fondo blanco del pote la referencia a la vaca, animal que aparece pastando debajo del nombre; ese mismo contraste blanco-negro se refuerza por la tapa negra. Bien visibles se encuentran las redes sociales y página web de la marca.

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PROPIEDADES NUTRICIONALES: No existen diferencias significativas en sus fichas nutricionales (que se pueden leer al pie de esta nota). San Ignacio es ligeramente más calórico que Vacalin (64 kilocalorías por cuchara sopera versus 60), mientras que este último tiene un poquito más de grasas totales que el primero (1.4 versus 1.2); vale decir que San Ignacio tiene un mínimo contenido de grasas trans. En cuanto a sus ingredientes, tampoco hay diferencias muy significativas.

En ambos casos, se trata de dulces de leche aptos para celíacos (libres de gluten, sin TACC)

TEXTURA: En este as